Las Misiones Familiares para nosotros

Hola, somos Erika y Damián Ortiz, tenemos dos hijos José Antonio de 11 años que pertenece a Cruzados e Isabella de 7 años que pertenece a Apóstoles de María, desde hace 7 años somos parte de la Rama de Familias del Movimiento de Schoenstatt y Erika también pertenece a la Rama de Madres, esta última Semana Santa tuvimos la gracia de poder participar en nuestro cuarto año consecutivo de Misiones Familiares. Son 9 maravillosos días en los que las familias dejamos todo por ir al encuentro de nuestros hermanos misionados, vivimos en sus comunidades, y servimos a la iglesia. Nos preparamos con mucho amor y vamos llenos de ilusiones a este encuentro, sin embargo, siempre tenemos nervios, miedos y problemas que vencer antes y durante esta gran aventura, pero sobre todo lo que más llevamos es FE, esta nunca falta. Nuestro corto recorrido dentro de este apostolado ha estado lleno de bendiciones, enseñanzas, y retos que la Mater nos ha ido colocando en el camino.

Con mucha sorpresa, fuimos elegidos por nuestros hermanos misioneros como Coordinadores Generales 2019. Nuestra primera reacción fue de un gran miedo al no sentirnos preparados para una responsabilidad tan grande; coordinar 6 misiones simultaneas en lugares diferentes, nos aterraba, pero como nuestro Padre fundador dice «Quien tiene una misión ha de cumplirla, aunque conduzca al abismo más profundo y oscuro, aunque un salto mortal siga a otro», confiados en Dios y la Mater dimos el “si” como un gran salto de Fe.

Uno de los primeros desafíos era encontrar a los jefes que dirigirían cada misión y con ellos armar los equipos de trabajo internos o comisiones como les llamamos. Pero como un ciervo de María nunca perecerá, ella se encargó de que contáramos con el apoyo de unos jefes muy entregados en cada misión; también fue una gran inspiración para nosotros el trabajo de los coordinadores de años anteriores a quienes acudimos para pedir consejos.

El camino de preparación de estas misiones estuvo lleno de mucho trabajo, algunas renuncias que nos costaron mucho, sacrificios personales y familiares, cambio de planes, meses de preparación, oración, un camino cuaresmal de total entrega a la misión y mucho capital de gracias.

En Catarama nos encontramos con una maravillosa comunidad, muy devota, pero también con mucha necesidad de ser escuchada y de escuchar la palabra. Nos llevamos de cada miembro algo muy especial y que marco de forma perfecta el desarrollo de la misión, como fueron las señoras de Caritas quienes nos atendieron con la alimentación y nos enseñaron de entrega, dedicación y pasión por hacer las cosas ordinarias extraordinariamente; los jóvenes de Jovicar que nos acompañaron nos compartieron su alegría, poniendo todo su trabajo y talentos al servicio de la iglesia. Los equipos de la pastoral que trabajan con la parroquia hacen un trabajo increíble, los admiramos mucho.

Uno de los cambios más duros que nos tocó, fue cambiar el lugar al que iríamos a misionar este 2019, el año anterior lo hicimos en Santa Cruz junto con los hermanos con los que habíamos misionado por 3 años seguidos y de quienes seguíamos aprendiendo, queríamos ver los frutos de lo sembrado en el 2018 en ese lugar y consolidar ciertas aspiraciones; pero este año al escuchar la voz de Dios y que nos pedía, entendimos que el llamado era que fuéramos a Catarama (Los Ríos, a 2.5 horas de nuestra casa en Guayaquil) ya que esta era la misión que más necesitaba ser fortalecida de las seis y para la cual si no entregábamos todo corría peligro de que no se llevara a cabo. Nuestros pequeños hijos, quienes han asumido también que son coordinadores generales, con gran madurez y aunque muy triste por dejar a sus primos y tíos misioneros de siempre, aceptaron con amor el cambio de misión entendiendo que somos misioneros llamados a estar donde nos necesiten.

Tuvimos la bendición de contar con la guía y el apoyo permanente del Padre Israel Pasque que sin duda sus oraciones hicieron posible esta misión y quien con sus homilías claras y directas nos hablaba a cada uno de nosotros como si nos conociera de toda la vida. También otro regalo fue el contar con la Hermana Montserrat Darquea, quien fortaleció mucho la misión y a quien agradecemos infinitamente habernos aceptado la invitación.

Sin duda una de las partes que más enriquecen durante la misión es el puerta a puerta, que nos marcó de forma transcendental, acompañar a familias en duelo, orar con esposos que anhelan la bendición de ser padres, familias con grandes preocupaciones por sus enfermos, compartir con una abnegada madre que tiene 40 años cuidando a su hijo parapléjico con el sueño de que algún día diga la palabra “mamá” y para quien la expectativa de vida era muy corta, niños de miradas dulces que curiosos nos escuchaban, ancianos que ponían sus peticiones en nuestras manos, hombres trabajadores que nos dieron su tiempo para compartir, familias con diálogos tan agradables y amenos, familias de otras religiones con la apertura de intercambiar experiencias de Dios, tantas experiencias con diferentes personas donde sin duda alguna pudimos ver a Jesús en cada uno de ellos.

El lugar físico que nos acogió era la casa parroquial de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, fuimos 41 misioneros que tuvimos que acomodarnos en todos los lugares posibles, hicimos de nuestro hogar, las salas, comedor, pasillos y hasta terraza. La privacidad y el acceso a los baños eran algo complicados. Nuestro medico en la misión tubo bastante trabajo profesional ya que hubo un pequeño accidente con el misionero más pequeño y al resto de la misión nos afectó un virus que duraba 24 horas y con el cual caímos uno tras otro.

Al final para nuestra familia Ortiz Mesa los regalos del cielo fueron increíbles, por primera vez pudimos tener una comunidad familiar ampliada, nuestros hijos misionaron con sus dos abuelas, dos tías, un tío, una prima; esto nos ayudó a cumplir un gran anhelo familiar. La comunidad que se crea dentro de una misión es un pilar fundamental que garantiza la continuidad de este maravilloso apostolado misionero, este año estuvo marcado por el compartir con unos misioneros con los que ya nos conocíamos, unos jefes de misión que son increíbles en su forma tan alegre de darse, el poder conocer nuevas familias misioneras, convivir con ellos, aprender de ellos, hace que siga creciendo nuestra familia misionera. La entrega demostrada por todos durante esta misión, que fue muy dura, fue una prueba de Fe que todos nos llevamos en el corazón, una prueba de que, con Dios de nuestro lado, podemos vencer cualquier obstáculo, y vencerlos con una mirada dulce y una sonrisa en el rostro.

Estamos tan agradecidos con la Mater por haberse coronado en estas misiones, entregamos todo, pero como siempre quedamos en deuda con nuestra Reina.

En estas misiones 2019 salimos más de 250 personas hacia: Catarama (Los Ríos), Bahía de Caraquez (Manabí), El Carmen(Guayas), Santa Cruz (Galápagos), Tambo (Santa Elena) y Playas (Guayas).

Un fraterno abrazo y nos vemos en Misiones Familiares 2020.

Erika y Damián Ortiz

La Alegría del amor, Evangelios Vivos para el Ecuador.


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