LA MISIÓN: AMAR AL HERMANO



El Evangelio de este domingo nos contesta la eterna pregunta de toda persona, el ¿para qué estamos aquí? Descubrir de primera mano esa verdad tan intensa nos conmueve e incluso impresiona por ser tan sencilla de entender que en eso radica su potencia y quizás la razón por la que nos sentimos confundidos y hasta escépticos al tratar de vivirlo.


A ¿qué me refiero?, pues simplemente a usar la lógica que DIOS nos regaló y el sentido común que nos permite entender aquello que la ley natural nos muestra, suena enredado pero será más sencillo con una muestra de esa lógica, la pregunta es: ¿Qué es lo más importante de las Sagradas Escrituras?, por supuesto que toda la Biblia es importante, pero hay partes más importantes que otras, por lo que sin dejar de ser importante puedo decir por sentido común que el Nuevo Testamento es más trascendente que el Antiguo, pues mientras hubo era la preparación, el otro consumaba esa preparación. Luego siguiendo esa misma lógica podríamos preguntarnos ¿qué parte del Nuevo Testamento es más importante?, aquí se complica más el análisis y debemos estratificar los libros que podríamos separar en 4 partes: los Evangelios, Hechos de los Apóstoles, las cartas y Apocalipsis, entonces es más fácil señalar que son los Evangelios lo más importante del Nuevo Testamento porque narra la vida y obra de DIOS hecho hombre, esto solo aplicando el sentido común, sin estudios ni magisterio que nos lo indiquen. Es tan importante que debe escucharse de pie y la terminar cerramos con la exaltación PALABRA DEL SEÑOR, a lo que la asamblea contesta GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.


Hasta esa deducción no hay drama, pero ahora viene la verdadera interrogante: ¿Y qué parte de los Evangelios es la más importante?, y esta debería ser la contestación a la primera pregunta que nos planteamos, habla de lo más importante de toda la Sagrada Escritura, de toda la Biblia, que por supuesto se encuentra en los evangelios y corresponde a todo lo dicho directamente por JESUCRISTO el hijo de DIOS VIVO, Verdadero Dios y verdadero hombre, donde sin interpretaciones que podrían ser subjetivas podemos conocer de primera mano lo que DIOS quiere de nosotros, por eso es una lectura entre comillas, es decir que cita textualmente lo dicho por JESÚS durante su tiempo en la tierra. Esa enseñanza es el fundamento de nuestra fe y sustenta los temas que nadie debería dejar de enfrentar de manera personal, cara a cara con DIOS en algún punto de su vida y ese punto marcaría un antes y un después para quien honestamente se lo plantea.


En ese espíritu recibimos el domingo de CRISTO REY con que se cierra el año litúrgico y se da inicio al Adviento, lo vivimos intensamente y ya invadidos con el aroma navideño que se adelanta a lo litúrgicamente correcto, pero entonces esta fiesta maravillosa debería no solo un día de fiesta sino de reflexión, una reflexión que nos enfrente cara a cara con ese Rey omnipotente, omnisapiente y omnipresente que nos interpela con su evangelio al cierre del año litúrgico, todavía suena en mi cabeza esa introducción el padre Eduardo en el Santuario de Ciudad Celeste: “Lectura del Santo Evangelio según San Mateo”, pude ver que se refería a la lectura más promovida por el papa Francisco, llego a estremecerme cuando pienso en Mateo 25, es toda una catedra que contesta aquella inquietud ancestral de ¿para qué estamos aquí?, incluso para los más conservadores ¿Qué debo hacer para salvarme?. Bueno si quieres una respuesta clara, sencilla y contundente sería “Vive Mateo 25”.


En Mateo 25 el mismo JESÚS nos habla del juicio final y nos explica en sus propias palabras que es lo que pasará en ese momento a ti y a mí, seremos juzgados en el AMOR, simplemente y brutalmente solo en eso. Por si no te acuerdas de la lectura te recuerdo un resumen de lo que dijo JESÚS a los de la derecha: “pasen benditos de mi PADRE a gozar de la tierra que les tengo preparada desde siempre, porque tuve hambre, sed, estuve enfermo, preso, desnudo y necesitado, y ustedes me dieron de comer, de beber, me visitaron, vistieron y socorrieron. Ellos sorprendidos les preguntaron que cuando había sido eso a lo que JESÚS contestó que cuando lo hicieron con uno de las más pequeños con EL lo hicieron”, esta es la receta, simple, honesta y poderosa receta de salvación.


No lo digo Yo, no lo dice la Iglesia ni el Papa, no lo dice nadie que podamos conocer como para evaluar o interpretar, lo dice DIOS, el VERBO DE DIOS, el HIJO DE DIOS VIVO y lo dice tan claramente que no necesitamos de teólogos o doctores de la ley que nos lo enseñen, basta el sentido común y honestidad para verse cara a cara con DIOS que nos lo dice tal cual se lee. Sin embargo muchas veces nos hacemos los locos y buscamos reflexiones emocionales que buscan ir mas allá de lo evidente de lo que nos dice JESÚS sobre amar a los más pequeños.


He aquí el poder de las misiones familiares, es hacer vida, hacer evidente esa misión de preocuparnos por los más pequeños y preparar nuestra ofrenda para ese juicio imperdible y personal, sin abogados ni fiscales, solo tú y el DIVINO JUEZ que es misericordioso y justo en proporciones perfectas, no hay interpretaciones, si lo hiciste pasas a gozar de la fiesta celestial y no te preguntes sobre la otra opción eso sería inaceptable. En las misiones hacemos tangible nuestra decisión de preocuparnos de los más pequeños, de alimentarlos con la palabra, darles de beber nuestro cariño, vestirlos con la Mater, visitarlos en cualquier situación que estén y decirles aquí estamos hermanos, aquí estamos JESÚS, es a EL a quien misionamos, no hay mejor inversión que esa.


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